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Rosa 

Rosa, esa auténtica mujer de patio adentro, vino con el negocio de aquel paquete de tierras al que el escribano Losada le había echado el ojo hacía tiempo. La información que tenía era que la ruta nacional, en su nuevo trazado, dejaría frentista a ella a todos esos lotes que hoy valían poco o nada.

Losada, con su fino olfato, se dio cuenta que el precio podía triplicarse si era cierto lo que le había dicho el diputado Soler cuando vino discretamente a pedir la colaboración para el Partido. Como él ya tenía dos de aquellos terrenos, le fue fácil lograr que les vendieran los otros "para cuadrar la tierra y algún día hacerse una casa grande donde descansar las fatigas de este mundo". Los propietarios vendieron a precios muy razonables, excepto un viejo taimado y cascarudo que no quiso saber de nada: el padre de la Rosa.

En principio sospechaba que Losada no apuntaba tanto al futuro como declaraba, sino que si quería comprar era por que había un buen negocio, aunque él no supiera cuál.

Losada iba y venía, a veces como por casualidad, y a últimas, con insistencia. Nadie lo esperaba en su casa de soltero devoto de María, por lo que disponía de todo el tiempo del mundo. El escribano era un perro de presa para los negocios, pero al viejo cascarudo a ladino no le sacaban ventajas.

El padre de la Rosa notó, medio pasmado al principio, que al cincuentón se le iban los ojos en la muchacha, al punto que ya casi ni hablaba de las tierras.

Rosa tenía dieciséis años.

Un día en que la conversación entre los dos hombres se había empantanado, el escribano oyó algo en verdad sorprendente.

- Ando buscando una buena familia para colocar a la Rosa. Es trabajadora y responsable. No me va a dejar mal. ¿Ud. no sabe...?

- No, no sé de ninguna - hizo un gran esfuerzo para comprender rápido, pero el viejo fue brutal e inmediato.

- Le vendo ese terreno por $ 100 más de lo que hemos venido hablando si Ud. me coloca a la Rosa.

- Yo, en realidad, necesitaría a alguien en casa.

- El trato está hecho.

Así fue como Rosa entró en la casa de Losada y, al tiempo, en su vida.

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