Seguramente Livio Incatasciato, "El Cordobés" para los habitantes del Polonio y zonas aledañas, no estará para nada de acuerdo en esta reseña que haré a continuación, pero estoy en mi derecho. Hace semanas que trabajo en esta Web y el contenido es mi responsabilidad, particularmente estando él en Polonio junto a William.
Conocí a Livio allá por 1971, tal vez antes; él había realizado dos proyectos de vivienda para mis padres y yo estaba por ingresar a la carrera de arquitectura.
Comencé a trabajar para él como dibujante, con la condición de que fuera como aprendiz (sin paga), ya que desconocía los secretos del dibujo arquitectónico.
No había pasado una semana cuando se empeñó en fijarme un salario contra mi voluntad. Esa fue la primera actitud que llamó mi atención y me hizo vislumbrar que estaba en presencia de un ser poco común.
Al comenzar la universidad, la dedicación me forzó a abandonar el trabajo en su estudio profesional. Sin embargo esa época permanece en mí como una de las más fructíferas, ya que no sólo recibí instrucciones prácticas de alguien para quien la profesión no tenía secretos, sino además, importantes lecciones de vida, filosofía y conducta que jamás obtuve de otra persona.
La característica fundamental de este "PERSONAJE" (bien con mayúsculas) consiste en que ve las cosas, las personas y la existencia misma tal como son en realidad, sin miedos, sin vanidades, con una gran osadía. Y de esta manera es como encara su vida, una vida sin parangón, solo comparable con la de algunos de esos personajes (bien con minúsculas) de la ficción como Indiana Jones. |
Despegado de lo material, solidario, ampuloso, sincero, respetuoso pero perfectamente plantado en sus razones. Podría seguir enumerando virtudes, pero tendría entonces que equilibrarlas con sus defectos, que también los tiene como buen ser humano que es.
Así es como lo podemos hallar haciendo alpinismo, investigando una caverna en el Matto Grosso, trabajando para la NASA en la búsqueda de meteoritos rasantes, buscando y suministrando agua potable a tribus africanas en Guinea Ecuatorial, rescatando huesos en una cripta bajo una avenida (amenazando con encadenarse a ella
si no se lo permitían) o en un asentamiento indígena de 5000 años o, como en los últimos diez, dedicándose a William con una devoción y amor que muy pocos estaríamos dispuestos a poner en práctica.
¿Quién encontró a quién?, ¿Quién beneficia a quién?, ¿Que misterioso designio unió al discapaz con aquel que casi todo lo ha podido?.
Ninguno de los dos lo saben, pero fieles a sus convicciones, ambos están allí dándose todo lo poco que tienen y que, sin embargo, es mucho. Dice William de él mismo: "William es medio raro",
Digo yo "Livio es medio raro". Ambos son de Acuario, tal vez sea sólo eso.
Veamos lo que dice William sobre el Cordobés en este fragmento de poesía que le hiciera en 1993. |