Hoy
fue mi primer día de reunión, es todo nuevo para mí y no sé
realmente cómo actuar, pero no me resulta difícil decir lo que he
sentido y las cosas que aún siento.
Con 53 años veo la vida diferente que a los 24 que fue cuando comencé
con problemas de salud. Ahora con la madurez que da el tiempo y el haber
podido cumplir algunas de las metas que me había propuesto, vivo con
menos inseguridad.
Creo haber superado algunos miedos, vi crecer a mis hijos y ahora a los
nietos. No fue fácil, perdí mis dos mamas, útero y ovarios, pero
gracias a los médicos que me atendieron salí adelante y pude superar
los miedos. Se me ha hecho más difícil aceptar esos cambios en mi
cuerpo, pero sé que lo lograré. ¿Cómo? Luchando.
Hasta hoy nunca había formado parte de un grupo de autoayuda y tampoco
concurrí a un psicólogo, a veces lo pensaba pero al final decía,
¿Para qué ir? No lo necesito, pero al verlos hoy reunidos, pienso que
habría sido más fácil para mí.
Por
eso pido a todos los que sufren, por el motivo que sea, que no se
encierren en sí mismos y busquen apoyo en personas que sepan escuchar:
la soledad no es buena compañía. La terapia de grupo me parece
excelente, porque hay muchas cosas que se les esconde para no verlos
sufrir por nosotros y luego nosotros mismos pensamos que no nos dan la
importancia que nos merecemos. Con los amigos pasa igual: por no parecer
quejosos y molestos y querer pasar bien con ellos cuando estamos juntos,
al hacer ellos una vida normal, nos sentimos abandonados.
Por eso no tengan dudas, un grupo de apoyo de personas que han pasado
por alguna experiencia dolorosa y está dispuesto a compartirla, será
la mejor medicina espiritual que nos ayudará a seguir adelante. Y así
tal vez lleguemos a ver claro dentro de nosotros mismos y no pedir a los
demás que nos den amor y compañía si nosotros cerramos las puertas
para recibirlas.
Esto me ha pasado muchas veces....
9 de noviembre de 1999 |