Eduardo Fernandez

Eduardo Fernández nació en la ciudad de Florida, Uruguay.
De profesión telegrafista que amaba y nunca olvidó tuvo migrar hacia otro lugar del país que le permitiera mantener a su familia mientras corrían los años 70.
Con dificultades logró establecerse en la ciudad de Maldonado donde decidió adoptar un oficio que según su criterio era más redituable para sus necesidades en los momentos que le tocaban vivir, pintor de letras o letrista.
Gran persona que hizo todo lo posible para mantener su familia unida y brindarle un espacio en una ciudad competitiva, muy activa en los años 70 y 80 y con una competencia en aumento en todos los rubros y temas.

Eduardo, supo hacerse un lugar entre los grandes pintores de letras en la zona y en el país gracias a su don de gentes, su profesionalismo, responsabilidad y buena persona.

Su velocidad al pintar carteles de cualquier tamaño, su calidad en el trabajo, un estilo muy personal y profesional sumado a un esfuerzo sin descanso día a día, le permitió competir con los pintores locales y traer su familia al departamento de Maldonado al adquirir un terreno, construir su casa y su amado taller.

Autodidacta se le reconoce como su mayor virtud en el oficio de pintar letras, carteles y vidrieras además de la velocidad (era único) de pintar cualquier cosa que de forma aparente que desde unos pocos metros todo se veía perfecto. Había logrado la magia de hacer parecer que todos los bastones de todas las letras eran iguales a primera vista.
Fácilmente podía demorar la mitad de tiempo que el mejor pintor en pintar iguales carteles y en la muchos casos mejor visualmente.

Buen amigo, compañero con excelente humor todo el tiempo, logró sobrellevar todos los momentos que le tocaron vivir.
Un humor negro de excelente factura se plasmaba al dibujar comics que disfrutaba mucho logrando publicar su trabajo en una conocida revista que era un suplemento sabatino de nombre “Berp” de un exitoso periódico de la capital.

Solía levantarse muy temprano con su termo y mate marchar al taller que estaba situado al fondo, en el patio al fondo de su casa y sobre algún cartel o mesa dibujaba para él, para su disfrute, tiras cómicas y unitarios en blanco y negro con un excelente estilo propio desarrollado con el tiempo mezcla de su humor y estado de ánimo en el momento que los dibujaba.
Tinta china y plumín eran sus herramientas favoritas en todos sus diseños.

Realista en el día a día aunque era extremadamente optimista en todos los momentos, aún en los más amargos.

5 hijos que adoraba y protegía siempre contra todo y todos con todo su corazón y una compañera que estuvo a su lado en cada momento.
No recibió en su vida ningún reconocimiento a su labor como padre, ser humano que se esforzó con responsabilidad por los suyos y los otros siempre por el camino de bien.

Eduardo Fernández Puentes, estimado amigo, espero que donde estés, sea el lugar que te mereces, el mejor, porque lo has ganado.

Situaciones vividas con Eduardo