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Eduardo, supo hacerse un lugar entre los grandes pintores letristas del momento en la zona y en el país gracias a su don de gentes, su profesionalismo, responsabilidad y buena persona.
Su velocidad al pintar carteles de cualquier tamaño, su calidad en el trabajo, un estilo muy
personal y profesional sumado a un esfuerzo sin descanso, día a día, le permitió competir con los "monstruos" locales de larga trayectoria en la zona y traer su familia al departamento de Maldonado y adquirir un terreno en una zona en expansión en esos momentos y construir su casa y su amado taller.
Autodidacta total se le reconoce como su mayor virtud en el oficio de pintar letras, carteles y vidrieras además de la velocidad (era único) de pintar cualquier cosa era la apariencia que desde unos pocos metros todo se veía perfecto. Había logrado la magia de hacer parecer que todos los bastones de todas las letras eran similares a primera vista. Fácilmente podía demorar la mitad de tiempo que el mejor pintor en pintar iguales carteles y en la muchos casos mejor visualmente.
Buen amigo, compañero y con excelente humor en todo momento logró sobrellevar todos los momentos que le tocaron vivir. Un humor negro de excelente factura, al dibujar comics que disfrutaba mucho, no ofensivo pero realista, y nosotros diríamos que no era pesimista sino "una persona realista bien informada a la que no le vendían chucherías doradas" logrando publicar algunos chistes gráficos en un conocido suplemento sabatino de nombre "Berp" de un periódico de la capital. Solía levantarse muy temprano con su mate y termo marchar al taller que estaba situado al fondo, en el patio al fondo de su casa y sobre algún cartel o mesa manchada de pintura dibujaba para él, para su disfrute, permanentemente tiras cómicas y unitarios en blanco y negro con un excelente estilo propio desarrollado con el tiempo mezcla de su humor y estado de ánimo en el momento que los diseñaba.
Pintor de cuadros en momentos de ocio, le gustaba la temática "underground" y el humor negro, colores pasteles de tonos apagados y muy en especial con gusto acentuado en diseños marinos donde barcos y playas se mezclaban en un amasijo de colores primarios y complementarios juntos y algo tenues en el brillo. Tinta china y plumín eran sus herramientas favoritas en todos sus diseños fueran cómicos o no. Sarcástico por momentos y de gusto discreto cuando el diseño podría incomodar a alguna etnia, religión o raza. Su punto de vista de la vida le hacía ser crudo, realista al máximo y no por ello dejaba de ser extremadamente optimista en todos los momentos aún en los más amargos.
Dejó su tierra que amaba y que muchas veces pensó en abandonar en busca de mejores horizontes, a 5 hijos que amaba y protegía siempre contra todo y todos con todo su corazón y una compañera y mejor madre que estuvo a su lado en cada momento difícil o feliz de su vida que aún cuando los hijos habían pasado los 20 años sentía un llanto de bebé corría buscando a su niño llorando..
No recibió en su vida ningún reconocimiento a su labor como padre, ser humano que se esforzó con responsabilidad por los suyos y los otros.
Eduardo Fernández Puentes, estimado amigo, espero que donde estés sea el lugar que te mereces, EL MEJOR, porque lo has ganado.
Darío
Maldonado
Uruguay
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